De Madrid a Santiago: Integración e institucionalidad del transporte público

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Cuando a finales de 2006 se daba inicio a un proceso de marcha blanca del plan Transantiago probablemente nadie pensó en los problemas que se presentarían en el sistema en febrero de 2007 y en marzo de ese mismo año. Simplemente el diseño e implementación del sistema de transportes no dio el ancho. Todo se hizo mal y hoy Transantiago es un ejemplo –probablemente ya un clásico- de la forma en como NO se deben hacer las políticas públicas.

Los santiaguinos conocemos bien los problemas que hasta el día tiene el sistema, más allá de las mejoras que se produjeron con René Cortázar a la cabeza del ministerio de transporte, siguen habiendo deficiencias notorias que a estas alturas parecen ser más estructurales y por tanto la solución pasa por cambios más profundos y no solo aumentar o alargar los recorridos.

Santiago es una gran ciudad. Más allá que pueda gustarnos o no, es de las grandes capitales de América Latina. Es una de las 50 áreas metropolitanas más grandes del mundo y la séptima ciudad más habitada de América Latina. Por esos motivos y por la extensión de la ciudad, Santiago precisa de sistemas de transportes diferentes a los que se necesitan en el resto de las ciudades del país, excepto Valparaíso y Concepción probablemente. En esa línea, las comparaciones con otras ciudades de Chile no tienen lugar y es necesario mirar hacia ciudades de tamaños similares a Santiago en el resto del mundo para hacerse una idea de las necesidades en transporte.

Madrid podría ser un ejemplo. Se estima que hacia 2010 la capital española tendrá 6 millones 200 mil habitantes. El metro de Madrid tiene 238 estaciones y 281 kms de extensión, siendo la segunda red de metro más extensa de Europa. De los buses, Madrid posee dos empresas operadoras, ambas sociedades públicas, una dependiente del municipio de Madrid y otra de la Comunidad Autónoma homónima. El costo del pasaje de 1€, es decir, alrededor de CLP$650.

¿Qué particularidades tiene Madrid respecto de Santiago? En realidad, hay que hacer notar también algunas similitudes. Al igual que Santiago, Madrid posee varios municipios relativamente alejados de la ciudad, aquellos que en conjunto con Madrid conforman el área metropolitana. Santiago tiene varias otras unidades que con el crecimiento de la ciudad se han ido uniendo al casco urbano: Puente Alto, Maipú, San Bernardo; y otros más alejados como Buin, Paine, Lampa, Colina, entre otros.

Algo particular que tiene Madrid y que no tiene Santiago es la integración y combinación del transporte para moverse por la ciudad. Trenes de cercanía de Renfe, Metro, buses e infraestructura vial se unen en una sola gran red de transporte público para los madrileños. A cargo del transporte público de la comunidad de Madrid está el Consorcio regional de transportes de Madrid, entidad pública de la que dependen otras organizaciones, como el metro.

La tarifa también es integrada, permite comprar “abonos” por adelantado con los que se paga el pasaje de bus o metro o las combinaciones entre ambos. Es notable que para el funcionamiento de toda la red de transporte sea fundamental la integración y, a través de eso, se logra la eficiencia en el uso de los recursos y se crea valor público, entregando servicios de calidad.

Santiago está lejos del parámetro madrileño. En Chile por lo general se hacen las cosas al revés y en el camino se van acomodando las cosas. Resulta no menos atrayente el hecho que en Madrid existan alrededor de 2000 mil buses y en Santiago ya se bordeen los 6 mil. Y es que claro, no existe una política única de transporte ni tampoco una autoridad metropolitana que coordine el funcionamiento de los servicios. En ese escenario, es el ministerio de transporte el encargado de coordinar el sistema, pero hay que tener en cuenta que el ministerio es una institución del gobierno central y el transporte metropolitano debería tener una administración local.

El concepto y espíritu de Transantiago es bueno. Teóricamente es eficiente y autosustentable, pero en la práctica todos hemos visto el resultado y el déficit financiero que tiene actualmente no puede ser cargado directamente a los usuarios en la medida que el servicio no muestre mejoras que justifiquen alza en las tarifas. Más allá que el gobierno pretenda solucionar el problema por esa vía desligándose de la gestión y mejoramiento del sistema por temas netamente políticos.

En resumidas cuentas, subir las tarifas y reducir costos es una manera muy sencilla de aumentar los ingresos del sistema y cubrir el déficit, pero algo queda colgando, y es la creación de valor público. Administrar y gestionar este tipo de servicios –independiente de los problemas institucionales antes mencionados- requiere tener en cuenta que no se están gestionando una empresa privada en la que se tienen clientes, sino un sistema de transporte público que mueve a la ciudad y en la cual no se puede decir ‘el que no pueda pagar… que no lo use’. En otras palabras, la solución al déficit es muy sencilla y en las cosas públicas lo más que hay es complejidad.

Image: Ariel Cruz.

Privatizar EFE al estilo argentino?

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En este sitio se menciona la posibilidad de privatizar parte de EFE para que el Estado puede liberarse del costo que significa mantener una empresa ferroviaria. No obstante, hay que tener en cuenta que en los años 90 en Argentina se llevó a cabo un proceso de privatización con el mismo objetivo que no solo involucró a los Ferrocarriles Argentinos, sino que a un sinnúmero de empresas del Estado.

La excusa fue principalmente que el gran déficit fiscal se generaba en gran parte en cubrir las pérdidas de las empresas públicas. De este modo, los FA fueron privatizados, entregando el mantenimiento y administración de infraestructura y operación de servicios a empresas privadas.

El resultado fue peor, se comprometieron altísimos subsidios para permitir que los privados se interesaran, con lo cual el déficit fiscal no se redujo y, dada la ausencia de un marco regulatorio claro, los servicios de pasajeros que sobrevivieron, en su mayoría en el Gran Buenos Aires, empezaron a prestar un servicio muy deficiente.

La privatización con llave en mano, con marcos regulatorios deficientes y pocos incentivos para cuidar y mantener la infraestructura ferroviaria de termina transformando en la lápida de los servicios de pasajeros al menos. En Argentina, al momento de la privatización, se cerraron una gran cantidad de ramales y eso generó un enorme costo social en localidades que solo estaban conectadas por el tren. Se produjeron graves depresiones económicas en provincias del interior que no tenían cómo sacar sus productos hacia los puertos.

En Chile la situación es diferente, muchos de los servicios de larga distancia fueron cancelados sin necesidad de realizar ninguna privatización, no obstante, hay que tener claro que el costo de privatizar una empresa como EFE puede tener, a la larga, un costo aun mayor para el Fisco, toda vez que se deben comprometer subsidios para que los privados se interesen en operar servicios y mantener infraestructura. En Argentina esos subsidios fueron acrecentando año a año el déficit fiscal y solo a un par de años de la privatización las concesiones de los servicios en el Gran Buenos Aires debieron ser renegociados.

El camino menos oneroso para el Estado que implique la concesión de servicios nace en la idea de entregar a una empresa privada únicamente la operación de los servicios, muchos de ellos bajo una administración eficiente y una gestión adecuada de los recursos estratégicos de la estatal, podría perfectamente generar la suficiente rentabilidad para evitar subsidios o para reducirlos al mínimo posible.

Las nuevas inversiones y el mantenimiento de la infraestructura se debe quedar en manos del Estado. Claramente, se podrían usar formas de concesión como en las carreteras, sin embargo, se requiere de instituciones claras para asegurar la prestación óptima del servicio, tanto para cargas como para pasajeros.

La oportunidad del Biotren

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Desde que el biotren se puso en marcha a fines de 2005 y a días de la elección presidencial de ese año que fue cuestionado, partiendo por el momento en el que fue inaugurado hasta el hecho que la L2 estuviera "incompleta" y llegara hasta Lomas Coloradas sin que se completara hasta Lota o Coronel. Las mismas frecuencias del servicio se vieron reducidas por la baja demanda en horas valle y como nunca se completó la integración con buses en el Gran Concepción la demanda que se proyectaba para el "nuevo" biotren tampoco llegó a su nivel óptimo.

A fines de enero de 2010 EFe publicó un documento con la posición del directorio de la empresa en torno al futuro de los servicios ferroviarios de carga y de pasajeros. En los estudios que se muestran el Biotren obtiene VAN positivo solamente si las frecuencias aumentan en un 20% y se reduce las tarifas en el mismo porcentaje, no obstante, y a diferencias de Metrotren y Merval, el Biotren presenta un VAN superior si fuera suspendido. Es decir, solo mediante un breve análisis financiero se desprende que es más conveniente dejar de operar Biotren.

Asimismo, un estudio sobre la valorización social de los activos de EFE, elaborado por la consultura CIS en enero de 2009, arroja que el Biotren se encuentra en el peor de los mundos, por cuanto el EBITDA de todos los servicios de EFE converge hacia valores positivos hasta el año 2014... excepto biotren, pues pese a subir sus ingresos no logra obtener un EBITDA positivo en el horizonte 2014.

Sin embargo, pese a este oscuro escenario, hay que convenir que el contexto y las potencialidades de Biotren han cambiado mucho. Los terremoto son oportunidades si se les aprovecha correctamente y en el Gran Concepción FESUB podría -y también debería- aprovechar la ventana de oportunidad que surge para el servicio en una zona que después de tener dos puentes de gran capacidad hoy solo tiene uno y que opera de forma bastante restringida por los daños que sufrió.

En todo caso, van a seguir habiendo trabas a que todo el potencial del servicio se usado. El hecho que llegue solo a Lomas Coloradas obligaría a muchas personas que vienen de Lota, Coronel o Arauco a descender del bus y esperar el tren, pagando además dos pasajes. La alternativa en este caso resulta bastante obvia, EFE podría operar buses de acercamiento desde Lota y Coronel o utilizar el modelo que utiliza Merval, con integración tarifaria. Las frecuencias en el tramo Concepción-Lomas también deberían aumentar para absorber una importante demanda de personas que no desean pasar por los tacos que implica utilizar el colapsado puente Llacolén.

En el mediano plazo se debería contemplar la extensión del Biotren a Lota y Coronel, la infraestructura está y solo es necesaria la electrificación y la construcción de estaciones o paraderos. Todo esto, tomando en cuenta que según las proyecciones del MOP, se construirán nuevos puentes en la zona para mejorar la conectividad, no obstante, los plazos no están claros (El sur, 11 de marzo) y el puente ferroviario está siendo evaluado y podría estar prontamente en operaciones.

Sería interesante que el ministro de Transportes, Felipe Morandé, contemplara este tipo de alternativas que se pueden implementar en plazos menores y, probablemente, a menores costos, representando una alternativa bastante viable para mejorar la conectividad de ambas riveras del Bio Bio en Concepción.

Ver estudios CIS-EFE aquí.

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